PARTE I
¡¡¡DÓNDE ESTOY!!!
No sé cómo llegué .
Desconcertado como estaba, caminé varias manzanas de casas. Y al principio, o
final según se mire, del bulevar había una torre, de planta cuadrada, de unos
diez metros de altura, toda de cristal opaco. En la puerta de la entrada un
icono indicaba que era el mirador, de la ciudad.
Me angustié un poco porque tengo claustrofobia,
pero era la mejor forma de hacerme a la idea de en dónde me encontraba. Pensé
que habría que subir en ascensor: eran demasiados metros para subir por
escaleras. Aún así empujé la puerta de cristal y entré.
Me llevé una gran sorpresa cuando vi que había ascensor y escaleras mecánicas.
Nada más poner el pié en el primer peldaño las escaleras se activaron. Se veía
un paisaje agradable. Todo verde, salpicado de rojizos tejados, macizos de
flores, fuentes.
Las escaleras acababan en una amplia terraza semicubierta desde la que se
divisaba gran parte de la ciudad y otras torres similares como en la que yo me
encontraba. Eran estas las únicas construcciones que sobresalían en el
paisaje urbano.
Casas bajas, plantas, árboles, farolas, fuentes de agua
potable y ornamentales, grandes superficies de cultivos, algunos edificios
amplios que podrían ser públicos, bancos para sentarse, autobuses y bicicletas.
¡¡¡Ni un automóvil particular!!!
Eso divisé desde la torre. Pero nada
significativo para ubicarme.
Paseando, mientras disfrutaba
de tan agradable ciudad, sentí hambre y busqué un restaurante o un bar para
picar algo. Me resultó difícil porque no abundaban.
Encontré una casa de comidas. Olía de maravilla. Pasé y me saludaron con
palabras que no entendí, pero que imaginé un “buenos días”.
Ante la imposibilidad de decirle al camarero claramente qué quería, puesto que
tampoco entendía la carta, se sonrió y me ofreció un pequeño auricular, y él, a
su vez, se puso otro.
¡¡Milagros de la ciencia!! Nos entendíamos ambos perfectamente. No entendía lo
que hablaban las demás personas del bar porque ellos no llevaban auricular,
pero con el camarero no tuve ningún problema.
Me explicó en qué consistía cada plato que yo le preguntaba.
Para simplificar un poco le dije qué me apetecería tomar:
- .Me comería un pincho de tortilla de patata con pan y un café con leche.
Entró en la cocina y me sacó lo que le pedí.
Se quedó conmigo, apoyado en el mostrador y mirándome con interés.
- ¿De dónde eres?
- De Madrid, aunque actualmente no vivo allí.
- ¿Madrid?... A ver…
Cogió una tablet que tenía a su lado y debió de consultar dónde estaba esa
ciudad.
- Ah!! Un poco lejos de tu casa estás. Eso es en Gea.
- No, está en España. En el centro del país.
Aunque ahora vivo en Sevilla, también de España.
- Bueno, da igual. Aquí somos bastante cosmopolitas.
- ¿Qué ciudad es esta? Estoy bastante perdido. Esta mañana salí de casa,
me puse a conducir y, la verdad, estoy un poco asustado porque no sé qué me ha
pasado. De repente me encuentro en un lugar extraño para mí. País
extranjero ha de ser porque no entiendo el idioma. No sé que ha sucedido. Es como
si hubiese despertado sin haberme dado cuenta de que estaba dormido, ni de
cuando me dormí.
- Jajajajajajajaja…. -se rió el hombre- ¡¡¡En un
país extranjero!!! ¡¡Si sólo fuese eso…!!
El hombre me miró con cara benevolente y comprensiva y me dijo:
- No te asustes. Esto es cosa de los gobiernos y sus
máquinas transportadoras. Tal vez quieran que veas nuestra forma de vida, nada
más.
- ¡¡Poco me tranquilizan tus palabras!!😧 ¿Dónde estoy?
¿Qué país es este? ¿Estoy en Europa al menos?
- Jajajajajajajaja….¡¡¡UN POCO MÁS LEJOS!!! Pero tranquilo porque
no nos comemos a nadie. Aunque en tu mundo penséis que sí.
- ¿En… mi mundo?... … ¡¡Me asustas!!
- Sí, en tu mundo, tu planeta, la Tierra, Gea
Si en ese momento me hubiesen pinchado no habrían encontrado más que hielo
- Perdón: ¿Me estás tomando el pelo? No creía que tuvieseis
el mal gusto de cachondearos de los "turistas forzosos"…Me parece
"fa - tal" que utilices la conversación sincera para burlarte de mí.😕
- Disculpa, buen hombre. No me estoy riendo de ti
aunque, sinceramente, me resulta curiosa la situación, por desgracia, bastante
habitual últimamente. No eres el único en tu misma situación. La población nos
hemos quejado de estas prácticas, pero nos han dicho que es por el bien de
vuestra civilización, de vuestro planeta y de vuestro sistema solar…
- ¡¡¡¡PARA, PARA, PARA!!!! Esto ya me parece una puta broma
demasiado pesada; y perdona la expresión que tal vez no conozcáis en tu
puto planeta.
El hombre volvió a poner ese gesto de amable comprensión.
- Comprendo tu enfado. No tengo la culpa de lo que te
pasa, pero te voy a ayudar a comprender esta realidad que te parece tan onírica
e irracional.
- ¿Y cómo piensas explicarte? ¿Cómo podré quitarme
este desasosiego que llevo dentro? Estoy que me subo por las paredes. Como
puedes comprender, esto no me sucede todos los días. ¿No será un sueño? Espera
que me pellizco… ¡¡¡qué absurdo!!! Eso no sirve para nada, si es un sueño
tampoco me voy a despertar aunque lo haga.
- Bien. Tranquilo. Tómate estas hierbas relajantes,
parecidas a la Valeriana de tu planeta, cuando acabes tu almuerzo. Verás cómo
te tranquilizas orgánicamente. Después de que acabes te mostraré nuestra
civilización. Es similar a la vuestra y a la vez muy distinta.
Le hice caso. Me ofrecía confianza su mirada serena y bondadosa.